Recompensado

Hace un tiempo atrás había impreso dos curriculums para presentar en dos diferentes plazas en una empresa ofertaba empleo. Una de ellas me parecería particularmente atractiva para mí pero como lo conocería posteriormente ya estaría cubierta por otra persona. Un día hace pocas semanas, recibí una llamada telefónica que haría que toda la incertidumbre de mi vida se disipase. Dicha llamada me cuestionaba si todavía estaba interesado en el cargo que había anteriormente aplicado. Además, si estaba dispuesto a asistir a una entrevista. Lo que yo respondí que ¡Si, claro! ¡Estoy más que dispuesto!

Después de haber fracasado en un par de entrevistas de trabajo, me encaminé a la cita lleno de confianza y determinación. Entonces, “alguien” (El Espíritu Santo), puso una oración en mi mente para pedir guía y fortaleza durante mi entrevista. Por lo que, solicite la compañía de la Santa Trinidad para que me socorriera cuando me sienta desfallecer. Ya en la entrevista, me sentí muy bien; relajado y despreocupado. Al finalizar, el entrevistador me solicito referencias personales. Sin duda está fue una buena señal del resultado obtenido.

Había pasado una semana desde aquél acontecimiento y no había sabido nada al respecto. Pero “algo” puso una idea en mi mente que les enviase un correo electrónico sugiriéndoles sutilmente que me encontraba listo, dispuesto y deseoso de trabajar con ellos. Lo hice pero pasó otra semana y no recibí ninguna respuesta. Nuevamente ese “algo” me dijo envíales un correo más pero este deberá ser el último. No sería nada gracioso ser acusado de acoso, me dije. Pasaron solo dos días y el viernes, ya había recibido un correo diciéndome que se podrían contacto dentro de las próximas semanas. Esto sin lugar a duda es una muy buena señal.  

Solo unos instantes antes de haberme ido a reunir con mi Grupo de Estudio de la Biblia el día domingo, ya había comentado a un amigo que estaba completamente esperanzado de conseguir finalmente un empleo. Después de mi reunión, mi amigo me deseo lo mejor y me pidió que le dejase saber si mis presentimientos se hacían realidad. El líder del grupo de estudio me preguntó qué era lo que pasaba, por lo que tuve que decirle a él también. A continuación el líder alzó sus manos y yo pensé que me iba a felicitar o talvés darme un apretón de manos pero no. Él me agarro de las manos como si me estuviese agarrándome de una superficie para no caerme e inmediatamente su esposa puso sus manos en mis hombros y empezaron a orar. Agradeció por la oportunidad que yo había recibido y le pidió que me bendijese. Además, dijo si en el caso esta oportunidad no se materializaba, yo continuaría esperando sabiendo de antemano que él (Dios) me tendría algo muy bueno reservado. ¡Guau! Que inesperado acto de apoyo, amor y hermandad. Comprendiendo que este grupo a más de estar orientado a la comprensión y aprendizaje de las Sagradas Escrituras a profundidad, daban tales demostraciones de aprecio siendo un grupo tan pequeño.  

Vino el día lunes y no habían llamadas registradas o correos electrónicos enviados de su parte. Llegó entonces el martes y simplemente no pasó nada. Pero avanzada la mañana del día miércoles, el teléfono sonó cuando estaba tomando una ducha por lo que no escuché nada. Al momento que estaba saliendo del baño oí el bip de la máquina contestadora que indicaba que alguien había dejado un mensaje. Esa era la llamada que tanto había estado ansiando. Por lo que les regrese la llamada inmediatamente pero mi llamada fue enviada a un correo de voz, no quedándome más remedio que dejarles un mensaje de voz diciéndoles que había recibido su recado para devolverles la llamada. Al medio día, los llamé nuevamente pero igualmente me botaba a buzón de mensajes de voz. Me dije, ¡Ah! ¡Esto debe ser una broma! He perdido lo que andaba buscando solo por mi dichosa ducha. Ya estaba considerablemente tarde y sin duda se había acabado el horario de trabajo, así que perdí toda esperanza de volver a saber algo de ellos otra vez. De repente, finalmente sonó el teléfono y se me comunicó que no obtuve la plaza para la que había aplicado pero ellos me ofrecían una plaza temporal de medio tiempo en caso de estar interesado.

Fue decepcionante saber que había sido rechazado una vez más. Obviamente acepté el trabajo ofrecido tratando de sonar feliz. Claro está, que algo es mejor que nada. Así que me empecé a realizar mis quehaceres hogareños para un poco procesar tal trago amargo. Fui a la cama temprano una vez que ya me había calmado. “El Espíritu Santo” y quizá Jesús también, me llevaron a ponerme a razonar. ¡Oye! ¿No qué habías orado por un empleo? ¿No le había pedido a Dios que te diese la oportunidad de demostrar que mereces un trabajo? ¡Hola, lo que obtuviste es un trabajo! ¿Qué es lo que había tenido que hacer hace más de una hora? ¿Mínimo, has pensado en darle las gracias? Salmos 9:1 NIV. Esta oportunidad marca todos los requisitos que deseabas en un trabajo. ¿Cuáles son las posibilidades de que vuelva a suceder? Vas a trabajar para ayudar a las personas necesitadas. Tendrás todos los domingos libres y nunca tendrás que perderte la iglesia. Recibirá algunos beneficios. Paga mejor que el salario mínimo. Es una pequeña empresa con un pequeño ambiente familiar. No hay sindicato. Todavía no has tocado fondo, ¿es ahí donde preferirías estar? ¡Se agradecido por el amor de Dios! Comienza con lo que te han dado, haz lo mejor que puedas y mira a dónde te lleva.

Ellos estaban en lo correcto y yo tan equivocado. Podría no tener ningún empleo pero si lo tengo. Dios ha escuchado mis plegarias y una vez más él me ha contestado. Salmos 118:21 NIV ¿Cómo sé lo que está pensando? No sé sus planes para mí. Esto podría ser solo el comienzo, una prueba o una muestra. Sin duda, si trabajo como si estuviera trabajando para Él, demostrando que soy digno y mostrando mi agradecimiento, él aumentará mis bendiciones. Es una oportunidad para alabar a Dios administrando el salario que gano y devolverle al Señor su parte.

Recé tantas veces e incluso supliqué la oportunidad de probarme a mi mismo ante él en un trabajo y ahora que he sido bendecido, ya he fallado. No le di gracias a Dios por esta bendición. 1 Tesalonicenses 5:18 NIV.  Entonces, me puse de rodillas y oré. Le agradecí y me disculpé por ser desagradecido. Le confesé que soy débil y que necesitaría de su fortaleza para evitar que me enorgullezca y piense que puedo lograrlo de ahora en adelante. Le pedí que me mantuviera agradecido y que realizara mi mejor esfuerzo. Le pedí que me guiara y me ayudara a planificar el uso adecuado del salario que reciba.

En muchos sentidos, este trabajo inicial es de importancia clave porque todo lo que pienso y hago, cómo actúo y reacciono, está siendo analizado. Mi actitud determinará si soy digno de más y si se me debería permitir avanzar. Mi fe está siendo probada. Debo permanecer positivo y esperanzado.   Hebreos 11:6 NLT

Haría bien en recordar la segunda parte del versículo en Isaías 60:22 NCV, “Yo soy el Señor y cuando sea tiempo haré que estas cosas pasen diligentemente."