El número Ocho de los Diez Grandes

Dios estableció un conjunto de leyes para que las sigamos. Diez reglas claras, fácilmente comprensibles. Todo lo que se debe de hacer es seguir estos diez simples mandamientos y sin duda nos aseguraremos de estar inscritos en el libro de la vida eterna.

Personalmente he aceptado a Jesucristo como mi señor y salvador; pues, él ha pagado con creses mi quebrantamiento de estas reglas. No existe pago aceptable frente a tal gran sacrificio. Talvés podría ser la sangre de un cordero de inefable pureza.

 ¿Sabes cómo he pagado a Jesús por esta bendición, a más de todas las demás bendiciones dadas por su sufrimiento y su muerte? Rompiendo todas estas reglas desde la primera hasta la última, una y otra vez. ¿Has hecho lo mismo? Gracias a Dios que Jesús ya ha pagado por “TODOS” nuestros pecados. Cada mandamiento quebrantado en nuestro pasado, los pecados cometidos hoy y de los cometamos en el futuro. “Todos” los pecados.

Hoy, quisiese dirigirme al respecto del octavo mandamiento que dice “No levantar falso testimonio en contra tu vecino”. Claramente y simplemente, nos pide no mentir. ¿Has mentido alguna vez? No ¡Jamás!, esa respuesta es una mentira también. Dios es verdad y debemos honrarlo no mintiendo.

Tengo otra calavera en mi armario que nació gracias a la mentira. Una mentira que necesita ser traída a la luz. Una mentira que estoy cansado de llevarla en mis hombros. Algo que amenaza con ser descubierta y cargarse mi integridad.

Esta particular mentira se originó para evadir el recurrente sufrimiento y pena cuando las personas inocentemente querían saber de mi pasado. Trayendo a relucir la más catastrófica experiencia de toda mi vida. Trataba de ignorar y esconder mi divorcio. Hice todo lo contrario de lo que dice Pablo en Efesios 4:31 NIV

Todo esto lo traía la inquisitivas preguntas que me hacían, ¿Estás casado? ¿Dónde está tu esposa? ¿Vino tu esposa contigo? ¿Está ella aquí? ¿Por qué no trajiste a tu esposa? ¡Me encantaría conocer a tu esposa algún día! Para todo esto, debía haber respondido “Soy divorciado, por lo tanto no tengo esposa” y allí debería en seco el cuestionamiento pero no. Entonces más preguntas vendrían con miradas de desilusión y curiosidad. Pareciera que a las personas les encanta hacer escarnio de las miserias ajenas para sentirse aliviados de la miseria de sus propias vidas.

Estas preguntas me expondrían a revelar todo lo que llevo adentro lo cual sería el desencadenador de eterno cuestionamiento que sería como un fuego atizado para que este en llama viva. Me dirían, ¡Oh cariño! ¡Qué pena! ¿Qué es lo que pasó? ¿Cuál fue el problema? ¿Hace cuanto tiempo fue? ¡Debes sentite solo! ¿Tienes hijos? ¿Cómo lo están pasando? ¿Puede ayudarte en algo? ¿Qué me aconsejarías acerca del divorcia? Entonces, estás libre. Sabes tengo una amiga…¿Te casarás nuevamente?

Estas respuestas y excavaciones irreflexivas traerían a la memoria toda la avaricia, el engaño, las acusaciones, las maquinaciones de los abogados en contra mía, las declaraciones injustas, las calumnias y las pérdidas financieras. Nuevamente, me costaría semanas de noches de insomnio para luchar con mi furia interna. Un día, después de unos cuatro años de este desgraciado evento, se me ocurrió la respuesta: "Soy viudo, mi esposa murió en un accidente automovilístico". La persona curiosa generalmente está demasiado conmocionada y avergonzada para hacer más preguntas. Por lo general, me ofrecen una disculpa, algo de simpatía y luego siguen su camino. Esto fue brillante. ¿Por qué no pensé en esto antes? Así nació mi mentira.

Con el tiempo, surgieron preguntas sobre la muerte de mi esposa aquí y allá, y sin pensar, proporcioné respuestas rápidas para satisfacer a quien preguntaba; además de protegerme. La mentira crecía y se volvía cada vez más densa. Transformándose en una revoltijo. Lo repetí tantas veces que se hizo realidad en mi mente. Salmos 119:29 NLT Todavía podía odiarla, despreciarla, calumniarla en mi corazón y negar que alguna vez me hirió tan profundamente como lo hizo. Ella estaba donde pertenecía, asesinada, muerta para mí, fuera de mi vida. La mentira también reemplazó la decepción y la vergüenza con la simpatía que deseaba. Nadie volvió a molestarme y estuve en paz. Bueno, eso pensé.  

Esta mentira ha retrasado mi vida y mi capacidad de avanzar. Treinta y ocho años después, todavía no había perdonado a mi exesposa. Aunque ella nunca lo había necesitado. Con la ayuda del Espíritu Santo me di cuenta del peso que llevaba y la necesidad que tenía de descargarlo. Todo este tiempo he tratado de lastimarla al no perdonarla, pero a ella ni siquiera le importaba. Además, ni pensaba al respecto. Solo me he estado haciendo daño yo mismo.  

Exponerme a mí mismo, liberar mi alma de esta pesada carga sería mucho más fácil si pudiera estar seguro de que nadie que conociera leyese este blog. Pero muchos de mis amigos más cercanos y queridos, muchos de mis conocidos e incluso mi pastor, me han mostrado su simpatía por ser viudo y que las acepté erróneamente. He abusado de su amor y de su aprecio. Ahora me arriesgo a perder su amistad y su confianza. Estoy tratando de establecerme como un hombre íntegro y esto ciertamente no hace ningún aporte a ello.     

Nunca intenté herir a alguien pero he lastimado a todos. Ahora, ya está fuera de mí y expuesto. Puedo empezar a respirar de nuevo. Satanás no podrá este secreto como una arma en contra mía, ya que yo mismo lo he expuesto.

Todo empezó con una pequeña mentira, ¡Soy viudo!