Una probadita de libertad

Esta mañana tuve una breve visión o un pequeño sueño, y de nuevo creo que fue solo un instante antes de despertarme. Estaba conversando con Abba. No podía verlo, era más como una declaración telepática recibida en mi mente, pero podía sentir una presencia cuando me senté o me paré frente a él. Esto está fuera de lugar con cualquier visión o mensaje registrado en la Biblia. Todos en la Biblia que fueron visitados o vinieron a la presencia de Dios o Jesús, inmediatamente cayeron de rodillas con la cara contra el suelo. ¡Dios mío! Espero que no lo haya ofendido, pues no me incliné ante Dios porque no me di cuenta de inmediato de que realmente era Abba. Ruego que mi ignorancia se deba a mi inmadurez como cristiano, a que nunca haya esperado que Dios estuviera directamente frente a mí, hablándome.

Cuando su mensaje vino a mí, entendí que él estaba preguntando me ¿Por qué no me has entregado el control completo? Creo que fue justo en ese momento que me di cuenta de que Dios me estaba hablando. Mi mente quedó en blanco y comencé a balbucear frases sin sentido. Entre el impacto de esta experiencia, mis pensamientos languidecieron. Pero finalmente me sobrepuse y logré responderle, bueno, sé que debería, no sé por qué no lo hice inmediatamente porque no tengo razón alguna para no hacerlo. Claramente, te has hecho presente ante mí. Aunque, no tienes que probarme nada, ya que ¿Quién soy? Nadie. Tú eres Dios y yo un simple hombre, si esto hubiese sido una entrevista para decidir si voy al cielo, podría decir a ciencia cierta que la hubiese arruinado.

Lo siguiente que sucedió fue tan increíble. Ya que me sentí como si una lluvia sentimientos viniesen sobre mí y me quitasen un enorme peso de encima creado por el estrés, la presión, la responsabilidad, la culpa, la insignificancia, la preocupación y esa sensación de desconocimiento, que yacía sobre mí. Toda esa presión se había ido porque comencé a procesarlos y ya no estaban sobre mí. Entonces empecé a entender, que así es como es entregarse de manera total y completa a Jesús. Cada dolor y cada pena fueron removidos de mi interior quedando sin ningún grano de sentimiento negativo. Inundando mi ser de una paz, una positividad que nunca antes había conocido. Me sentí más confiado de que estaré bien y que tendré éxito en cualquier cosa que Dios me la provea. Seré más fuerte ante la crítica, el rechazo y la humillación porque él está conmigo. Encontraré un empleo, pero no un empleo cualquiera, sino uno en que Dios lo haya provisto para mí, para honrarle, darle gloria y además, se amolde de forma perfecta a mí.

Cuando logré hablar con Jesús, le dije: Sí, señor, sí. Por favor, entra hasta la última capa de mi corazón, quédate en mí, se rinde todo mi ser ante ti. Que la voluntad de Dios se haga en mí. Estoy cansado de todos mis fracasos y de tratar de hacer las cosas a mi manera. Cuando me desperté, todavía estaba diciendo, sí Señor en mi mente. Inmediatamente, comencé a pensar en todo lo que tenía que hacer. Entonces, ¿Qué debo hacer luego? Será mejor que realice más currículums. Obviamente, necesito tener un trabajo. Por lo que será mejor que empiece a investigar nuevas formas para servir a Dios. Eso probará mi compromiso. Deberé ir al centro de la ciudad y entregar los currículums vitae que tengo a los posibles empleadores que encuentre, para que Dios pueda decidir qué trabajo va a ser el más conveniente me para mí. Quizá ¿Ese trabajo puede podría ser una especie de rebautizo?. Sí, me encantaría.  

Cuanto más pensaba y más asumía los pensamientos mundanos, mis pensamientos mal concebidos, los sentimientos eufóricos que tenía, también empezaron a desvanecerse. El peso quitado de mis hombros empezaba a volver. Estaba perdiendo el sentimiento de la presencia de Dios. Mi libertad se estaba escapando. ¿Por qué Dios? ¿Qué me está pasando? Por favor, no me quites esta sensación. ¿Cómo puedo retenerlo? ¿Qué hice mal? ¿Donde estás Abba? ¡Oh, Dios mío! No me digas que lo heché todo a perder.

No fue hasta que empecé a escribir esta experiencia al papel cuando noté mi fatal error. Apenas había terminado de decir: "Sí, Señor, soy Tuyo, todo mi ser, hasta última parte de mí, me rindo", ¿y qué hice? Inmediatamente pisé los dedos de los pies de Dios, me hice cargo de mi día, perdí de vista sus gracias y comencé a hacer mis propios planes para lo que pensaba que debía hacer y lo que debo hacer para asegurar mi lugar con él. Una vez más estuve siguiendo el mundo y su forma de pensar como todos los demás lo hacen. Lo tenía todo y luego me encerré en mí mismo. ¡Qué tonto!

Me sentía muy triste y pensé que este jueves iba a ser como cualquier otro. Comencé mi jornada y leí mi verso del día, Salmo 56: 4 NLT. Luego, las escrituras asignadas para el día, Salmos 119: 1-88 NIV. ¡Gracias Abba! Muy apropiado para como me siento ahora. ¡Buen consejo! Gracias por permanecer conmigo y continuar abriéndome los ojos. Tú no fuiste a ninguna parte, aquí estas, aquí, en estas dos Biblias. A continuación, leí los devocionales que regularmente sigo. ¡Ah! Y ahí estás de nuevo. Debería haber sabido mejor. Prometiste nunca dejarme y no lo hiciste. Deuteronomio 31: 8 ESV..

 En la tarde tuve una cita con el dentista y mientras esperaba en el salón, continué leyendo Purpose Driven Church, del pastor Rick Warren. Habían pasado semanas desde la última vez que leí este libro, ¿y qué leí? La madurez espiritual se demuestra más por el comportamiento que por las creencias y se necesita una variedad de experiencias espirituales con Dios para producir madurez espiritual. Gracias Jesús, por tu comprensión.